
En los próximos días se verá un curioso fenómeno astronómico. Dos planetas, el enorme Júpiter y el anillado Saturno, se alinearán y estarán tan cerca entre sí como no lo habían estado desde 1623. Sin embargo, esa alineación estrecha no fue visible desde la Tierra: la última que se pudo ver ocurrió en 1226. Los medios de comunicación han divulgado este evento astronómico como “la estrella de Belén”.
El nombre tiene sentido: además de que se acomoda muy bien a la temporada decembrina, la alineación de estos dos planetas gigantes es una de las explicaciones más aceptadas sobre la luz que habría guiado a los Reyes Magos hasta la cuna de Jesús de Nazareth. Sin embargo, no es la única teoría que existe. Kienyke.com presenta la historia de una misteriosa estrella que puede ser muchas otras cosas.
¿Un recurso estilístico?
Cuatro evangelios son los aceptados en la mayoría de comunidades cristianas: los de Mateo, Juan, Lucas y Marcos. Aunque los cuatro hablan de la vida de Jesús de Nazaret, cada uno de esos textos fue escrito con un propósito particular. El único de los cuatro que menciona la estrella de Belén y los Reyes Magos que la ven es el escrito por el apóstol Mateo Leví. Claro, si se hace el acto de fe de creer que él fue su verdadero autor.
El propósito del evangelio de San Mateo es probar a los lectores que Jesús de Nazaret fue el Mesías que los judíos habían esperado —y siguen esperando hasta hoy—. Su argumento es una serie de profecías que, a su juicio, se cumplieron durante la vida del carpintero más famoso del mundo.
La figura de la estrella está asociada a una profecía del libro de Números. La revelación en forma de poema se le atribuye al profeta mesopotámico Balaam. Justo después de ser despedido por el rey de los moabitas, tras negarse a maldecir a Israel, el profeta dijo que se alzaría en el cielo la estrella de Jacob y que esta tendría autoridad sobre los israelitas.
Mateo nunca detalló la cantidad o los nombres de los sabios —probablemente astrólogos de profesión; tal vez pudientes pero no nobles— que repararon en una luz alargada y brillante que apareció en el oriente. Al interpretarla como señal del nacimiento del rey de los judíos, acudieron al rey Herodes para preguntar por el recién nacido. Ni él ni sus asesores tenían idea de la existencia de tal estrella o lo que significaba.
Como Herodes estaba preocupado por perder su reino, los invitó a retornar al palacio cuando lo hubieran encontrado. Entonces, según el relato de Mateo, la estrella se movió para guiar el camino de los sabios y se detuvo justo encima del lugar donde nació el niño. Luego, ellos recibieron un mensaje divino que los disuadió de volver donde el rey envidioso y volvieron a su sitio de origen por otro camino.

Hay un par de problemas con la historia de Mateo, detallados por el profesor de astronomía David Weintraub, de la Universidad de Vanderbilt. El primero de ellos es que los sabios vieron la estrella, pero los asesores de Herodes no —ni la vieron moverse tras la retirada de los sabios del palacio—.
Si la estrella era tan visible como fue descrita en el relato, el equipo de Herodes sufría de una miopía severa o la aparición era selectiva con sus espectadores —por seguridad, como una contraseña para un evento privado en Zoom—. Si, por el contrario, no era tan visible y solo podía ser hallada mediante cálculos complejos, Herodes tenía problemas de talento humano.
El segundo problema identificado por el académico es que los sabios viajaron desde Jerusalén hasta Belén guiados por una estrella que apareció en el oriente; pero Belén queda al sur de Jerusalén. Además, esta estrella se movió por la delantera hasta posarse sobre el sitio donde se encontraba el niño.
El tema es que, a excepción de nuestro sol, las estrellas no cambian mucho de lugar; menos de una manera tan brusca. De hecho, ubicar la estrella polar en el firmamento es útil para ubicarse porque su movimiento es más bien lento en tiempo humano.
Entonces, aquí aparecen las primeras hipótesis: la estrella de Belén, como fue descrita en este evangelio, se trató de un milagro, entendido como un suceso extraordinario y maravilloso que no puede explicarse por las leyes regulares de la naturaleza, o un bello recurso estilístico de Mateo para hablar de una especie primitiva de luz de bengala —las bengalas como las conocemos aparecieron en la China del siglo XIII— o un fenómeno astronómico ligeramente parecido a lo que se verá durante la semana del 21 de diciembre. El papel aguanta todo, dice el refrán.
Una estrella que puede ser varias cosas
La astronomía ha tratado de explicar lo que habría visto este grupo de sabios. Según el investigador David Hughes, de la Universidad de Sheffield, el planeta Venus suele destacar en el firmamento de Belén por su altura y su brillo. Entonces, es posible que esa sea la estrella descrita por Mateo. Sin embargo, encontrarse a Venus en una noche estrellada es más bien común.

Otra hipótesis debía incluir la posibilidad de un cometa, puesto que esos cuerpos celestes sí tienen movimiento. Hughes encuentra varios problemas en esa explicación. Las apariciones del cometa Halley que están registradas ocurrieron demasiado pronto y demasiado tarde con respecto a la posible fecha de nacimiento de Jesús. No hay registros de avistamiento de otros cometas durante esos años. Además, de haberlo, los asistentes de Herodes debieron ser capaces de localizarlo también.
Con información de KienyKe
El Grillito Haciendo ruido en todos lados