
Joaquín Guzmán Loera, conocido como El Chapo, ha escrito una serie de cartas en las que se refleja que su estado emocional está al borde del colapso. Apenas han pasado cinco años desde que comenzó a cumplir su condena de por vida por narcotráfico, y ya enfrenta un grave deterioro psicológico en una de las prisiones más duras del mundo.
En sus misivas, Guzmán Loera describe síntomas de depresión profunda, ansiedad y temor constante, además de señalar que se siente al límite de un posible infarto, evidenciando el desgaste físico y mental que ha sufrido desde su encarcelamiento.
Estas cartas revelan un rostro más humano del capo, que contrasta con la imagen pública de poder y control que mantuvo durante décadas al frente del Cártel de Sinaloa. La situación resalta la crudeza del sistema penitenciario de máxima seguridad, así como los efectos que el aislamiento y las condiciones extremas pueden tener incluso sobre los delincuentes más notorios.
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